Sexta entrada: Caupolicán-Cristo en el auto sacramental La Araucana, tradicionalmente atribuido a Lope de Vega y más recientemente a Andrés de Claramonte.

La ponencia del profesor Carlos Mata Induráin abordó la construcción alegórica del auto
sacramental La Araucana (atribuido tradicionalmente a Lope de Vega y más recientemente a
Andrés de Claramonte). Aquí, el caudillo araucano Caupolicán cargando sobre sus hombros el
tronco (en la prueba para la elección del toqui ʻjefe en tiempos de guerraʼ entre los araucanos;
ver Ercilla, La Araucana, Canto II, octavas 51-58) es claro tipo de Cristo abrazado al madero de
la Cruz, al tiempo que la lucha de los araucanos por su libertad es trasunto de la redención de
todo el género humano.
El desarrollo argumental y alegórico de la pieza presenta un esquema tripartito. En el primer
tramo, Colocolo (figura de san Juan Bautista) anuncia a los araucanos —que viven sojuzgados
al extranjero— la necesidad de un capitán que los redima y salve. El segundo tramo muestra la
rivalidad entre Caupolicán y otros candidatos a la jefatura (Rengo, Teucapel y Polipolo),
primero con la competición en salto y carrera, luego con la prueba del tronco, que resultará
definitiva. Tenemos que Rengo es figura del Demonio; Teucapel se corresponde con Adán, el
primer hombre, introductor del pecado en la estirpe humana, mientras que Polipolo simboliza
a la Idolatría. La victoria de Caupolicán sobre el resto de caudillos simboliza la victoria de Cristo
sobre las fuerzas del mal, sobre el pecado. En la parte final asistimos a una nueva
contraposición de Caupolicán-Cristo y Rengo-Demonio, que ofrecen sendos banquetes a los
araucanos. Caupolicán les da su cuerpo, que es Pan de Vida, en tanto que Rengo les presenta
un plato con siete culebras, los siete pecados capitales, en suma, un pan de muerte. Desde el
punto de vista escénico, la contraposición de ambos personajes y banquetes se visualiza por
medio de su aparición en dos nubes diferentes, cada una en un carro.
El tema del auto sacramental La Araucana es la historia de la redención humana (caída en el
pecado, arrepentimiento y salvación final merced a la acción redentora de Cristo), que es lo
esencial en el género sacramental, añadiéndose al final la habitual exaltación eucarística. Cabe
destacar el carácter novedoso —de gran modernidad— que supone la visión del indígena
americano (el otro), no ya solo como merecedor de recibir el mensaje de salvación cristiana,
sino como ser capaz de simbolizar en figura alegórica al propio Hijo de Dios hecho hombre.

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